El dato de pobreza ya no sorprende, así de grande es el problema
DESCRIPCION
Por Gabriela González Riollo
Senadora Nacional por San Luis
Hace unos días, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dio a conocer los datos de pobreza del segundo semestre de 2021 y los números son alarmantes: el 37,3% de la población Argentina es pobre.
San Luis, la provincia que represento en el Senado de la Nación, ocupa el tercer lugar del ranking con índices altísimos: el 47,8% de la población del Gran San Luis, que incluye la ciudad capital, Juana Koslay, El Chorrillo y La Punta; es pobre.
Eso nos pone como la tercera provincia de la Argentina con los indicadores de pobreza más altos, detrás de Chaco (Gran Resistencia) con 52% y Entre Ríos (región de Concordia) con el 51,2%.
Lamentablemente, no son datos que sorprendan, pero si duelen y preocupan porque no son números, son personas. Son hombres, mujeres y niños que ven su futuro dificultado y limitado por un país que no les da la posibilidad de salir adelante.
Para que quede claro, uno de cada dos sanluiseños, está bajo la línea de pobreza. Una de cada dos personas en mi provincia, hoy no tiene los ingresos suficientes para cubrir las necesidades básicas de alimentos, bienes y servicios.
La pobreza en Argentina es un problema estructural que arrastramos desde hace décadas. La inflación, que sigue avanzando libremente porque el gobierno no tiene un plan económico y se jacta de eso, va marchitando los salarios de todos los argentinos y aún aquellos que tienen un trabajo en blanco tienen problemas para llegar a fin de mes. No hay escapatoria de la inflación en la Argentina y los más vulnerables, como pasa siempre, son los más afectados.
Es una necesidad urgente que tenemos que resolver y es necesario sentarse a trabajar en la elaboración de políticas públicas planificadas, a largo plazo, con reformas estructurales, que ayuden a resolver esta situación. Pero hay que empezar ya.
Hoy nos gobierna un espacio político que está más preocupado por las fracturas internas y el armado electoral para el 2023, que por gobernar. Y es un error desatender los reclamos de los ciudadanos, no ver lo que pasa en la calle, no tener un plan económico con un norte claro y regirse únicamente por la improvisación.
La prioridad tiene que ser la generación de fuentes de empleo así como también potenciar el acceso a la educación. Y en la educación no puede haber grietas, es una necesidad por la que tenemos que trabajar de manera conjunta hoy y siempre. Después del daño que causó tener las escuelas cerradas durante tanto tiempo, se vuelve urgente revertirlo porque la educación es la base para generar oportunidades. Es lo que permite que tu lugar de nacimiento no condicione tu futuro.
La educación es el gran igualador. Es la herramienta que tienen las personas para ser autónomas, ejercer sus derechos, desarrollar todo su potencial y construirse una vida mejor que la que tuvieron sus padres. Es un derecho sin condiciones y es una obligación ineludible de los Estados, que no siempre la cumplen como deben.
También es fundamental incluir a los jóvenes en la rueda de la economía para que después de formarse y adquirir herramientas, puedan encontrar un trabajo de calidad para que Ezeiza no sea la única salida viable. Tenemos que acompañar e impulsar el trabajo de las PyMEs, el campo y los emprendedores para generar crecimiento y el desarrollo de nuestro país.
Como dirigentes es imperioso dar respuestas para garantizar una mejor calidad de vida de la población y nos tiene que comprometer a todos, sin distinciones partidarias, sin chicanas porque es una deuda histórica que tenemos con el pueblo argentino.
No podemos permitir que cada vez sean más los niños y niñas sumergidos en la pobreza. El desarrollo de la generación del futuro está siendo afectado y corre peligro. Es nuestra responsabilidad involucrarnos para que eso no suceda.


